¡Feliz 2018!

El 2017 me ha gustado un montón la verdad. Ha tenido sus altos y sus bajos, pero he aprendido un montón. Lecciones del 2016,  se convirtieron en una especie de mantras, y surgieron nuevas lecciones en este año que pasarán a ser lo mismo. En 2016 me revolqué colina abajo con todas las cosas que eran hasta ese entonces importantes para mí. Desenredaré al ritmo de una salsa.

Les comparto una de las cosas más importantes que aprendí este año. Parece libro de superación personal, pero la más importante fue concientizar que si yo no me empezaba a querer a mí misma, a dejar de ser tan dura conmigo misma, todo el mundo iba a tener la llave para aplastarme. Iba a estar buscando de puerta en puerta aceptación de otros, y aunque me aceptaran, nunca me iba a sentir bien.

Alguna vez en la universidad un profesor que estimaba mucho nos decía que teníamos que producir tratando de apagar todas esas voces negativas que teníamos en la cabeza. Es complicado eso, recién siento que lo estoy logrando de a pequeños pasos.

Pero yo tengo más voces aún, todos las tenemos, yo no sé quién nos las planta, pero callarlas es un trabajo arduo. En terapia alguna vez lo conversé y resolví muy escuetamente que entonces necesitaba voces nuevas. No fue hasta los primeros meses del 2017 que dije “Basta”.

Estaba harta de escuchar esas voces que me decían que no era suficientemente bonita, suficientemente flaca, suficientemente talentosa, que no era suficientemente inteligente, que no era suficientemente trabajadora, que no ganaba lo suficiente, que me comparaban con cada cosa que pasaba. Harta, no es posible que haya vivido 29 años escuchando esas voces, que simplemente después las ves como fantasmas reflejadas en los otros, empiezas a creer que todos están contra ti o que quieren dañarte, simplemente porque tú mismo no has aprendido a dejar de dañarte. Te afectan cosas que no deberían afectarte. No sé si me explico.

En fin… en medio de esa reflexión me topé con un video que me pareció muy ilustrativo.

Es difícil, no es la muerte… jaja, pero es difícil tomar conciencia de uno, es difícil tomar conciencia de hasta qué punto hay cosas que tienes que dejar ir porque realmente no las quieres más. Es difícil ser mujer, es difícil dejar de escuchar todo los pesos imaginarios que cayeron sobre ti. Pero no es imposible.

Muchas veces lo intenté, pero las voces que ya tenía impregnadas se burlaban de esta idea. Tocaba combatirlas. Tocaba ser disciplinada, empezaría a repetirme todos los días que era hermosa, que era suficiente, que mi valor no se medía por mi peso, que mi valor no se construye por mi estado civil, que era inteligente, que era talentosa, que aunque hubieran muchas personas haciendo cosas no significaba que tenía que dejar de hacerlas. Que lo que me hacía feliz a mí, no estaba mal, que decidir no ir por el camino que todos tomaron, no me hacía menos. Que si no iba a hacer lo que quería YO ¿para qué vine a vivir? Todos los días repetir hasta que esa voz se vuelva más fuerte que las que están ahí puestas desde hace años.

A veces, sigue siendo difícil. A veces estoy sentada viendo una película y de pronto me doy cuenta que llevo media hora escuchando una voz que me dice que estoy perdiendo el tiempo de mi vida.

Una de mis mejores amigas publicó esta frase en algún lado y luego siempre tratábamos de recordarla cuando nos poníamos a conversar sobre distintas cosas.

Hasta que no hagas consciente lo inconsciente, dirigirá tu vida y lo llamarás destino.

Otra parte de mí que siguió caminando en el 2017 fue la idea de siempre poner primero mi camino, lo que yo quería y no girar mis ideas ni por nadie más, ni por lo que se espere de mí ya sea como mujer, como ser humano, u ovni, no sé.

Eso extrañamente ha hecho que este año me haya encontrado con personas o haya conocido más a fondo personas que andaban en mi entorno, que han sabido manejar esto súper bien. No sueltan sus sueños, sus proyectos por nada y también conocer personas que saben construir sus relaciones dentro de una posible igualdad. Lo cual ha sido un gran aprendizaje, el camino que inicié y aprender de estos otros caminos.

Aprendí, dentro de lo posible, a no construir máscaras, identificar a quien se aferra a ellas y seguir mi camino antes de que puedan atraparme. A decir no, a dibujar líneas de límites. Aprendí que la primera persona que se tiene que salvar es uno mismo, si uno no lo hace, es imposible que otro lo haga, ni aunque quiera.

Aprendí que aunque hay personas muy duras, o que hacen cosas que nos lastiman, no significa que tenemos que empezar a ser fríos o vengativos con el mundo. Ser sensible o mostrarse vulnerable no está mal, que otros no lo entiendan, es su problema. Pero sí distanciarse de estas personas, porque no han resulto cosas que nosotros no podemos, ni tenemos porqué resolver. También aprendí que toma mucha valentía girar hacia uno mismo y ver monstruos que uno no quiere ver, pero están ahí.

Aprendí a pintarme mejor los ojos y los labios, aprendí a maquillarme sin razones especiales aparentes, aprendí que tampoco necesito maquillarme siempre. Eso fue un logro muy importante.

 

“…Won’t let my freedom rot in hell
Hey! I’ma keep running
Cause a winner don’t quit on themselves…”
“…But mama, don’t cry for me, ride for me
Try for me, live for me
Breath for me, sing for me
Honesty guidin’ me
I can be me more than I gotta be…”

Hice viajes sola, más de uno, me perdí, a veces entregué las manos, a veces los ojos, a veces el tiempo, pero ya no volví a dejar de ser yo. Me arriesgué a ser bruja, intenté muchas cosas que no salieron, otras en las que di toda mi alma y me llevaron un poquito más lejos.

Creo que en estos ya casi 30 años de vida, nada me ha dado más felicidad que apostar y trabajar por mis sueños. Espero de verdad poder seguir haciendo eso y tener la oportunidad de conocer más gente que está en este camino.

Agradezco enormemente tener la familia que tengo que aunque no es perfecta, no sólo que me aceptan, sino que me apoyan, nada de lo que hago sería posible sin ayuda de ellos. Agradezco enormemente a los amigos que he conocido este año y los que no dejan de estar ahí, a los que reencontré, que me escuchan y me ayudan a desenredar, que me recuerdan de un modo u otro que me estoy desviando de lo que quiero.

Agradezco a mi gato por no hacerse pipí en mis obras y siempre recibirme con amor.

Espero que el 2018 no sea demasiado difícil, no quiero decir que todo fue pan comido, y la vida está llena de terremotos que nos harán re-pensar nuestras verdades, hay muchísimos momentos en los que uno se pregunta si a donde va es el lugar correcto y la verdad es que tal vez no existe UN lugar correcto. Eso hace la vida difícil y sumamente entretenida.

Espero que para ustedes este año este lleno de hacer las cosas que quieren, que si les cuesta algo sea lo que sea, que sientan que es lo que realmente quieren vivir en ese momento. Que bailen mucho, que abracen mucho, que tengan tiempo de estar panza arriba, que coman rico, que lloren cuando tengan que llorar, que siempre traten de ser honestos dentro de lo posible, sobretodo con ustedes mismos, y que si se pierden, que valga la pena. Que encuentren el camino de regreso, se rían y digan “qué bueno que me perdí, y qué bueno que regresé”.

 

Como diría mi madre la cual no se considera creyente de nada : “Busca el camino del señor y el resto se dará por añadidura”.  Que no les de miedo creer en lo que ustedes sueñan, que no les de miedo el esfuerzo que conlleva saltar un precipicio sea cual sea profesional, de amor, de la vida. El resto que siga viniendo por añadidura, y si no viene, al menos lo intentaron. 

 

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