Bazar de novedades

“Que no veas tu cárcel no significa que no estés en ella”

10 artistas mujeres cuentan la historia de 10 mujeres de su familia. Mi idea es empezar a recordar de una manera distinta a las mujeres. Documentar esas historias que nos mueven más allá de los genes.

Video realizado y editado por: Carlos Klinger

Bazar de novedades es un fanzine que rondaba mi cabeza desde que pensé mucho en una tía abuela. Pensé en las maneras en que son recordadas las mujeres, qué es relevante para la sociedad y qué no. Pienso mucho en cómo describimos a las personas y a las mujeres siempre se nos describe como extensiones de alguien más, de los hijos, de los esposos, de las ex parejas, y pocas veces por lo que hicimos, lo que logramos, nuestras luchas, etc.

Bazar de novedades es un fanzine que reúne el trabajo de 10 artistas de distintas ramas que cuentan en su forma particular la historia de una mujer de su familia. Como motivo del 8 de marzo se realizó el lanzamiento de este fanzine y cada una de las participantes contó de manera particular el trabajo que había realizado para el fanzine. Las que estuvieron lejos enviaron audios que convertí en videos que se proyectaron ese día. Les comparto el registro de todo lo que ha sido posible documentar sobre este proceso.

Palabras de Margarita:

“Cuando Lola R. Duchamp me invitó a participar de “Bazar de Novedades” ni ella ni yo sabíamos lo profundo de este encuentro con una de las mujeres más influyentes de mi familia. Dora Grimanesa López Gómez fue una mujer muy valiente y fuerte… con una vida llena de aventuras… la recuerdo a través de fotos, la disfruté poco, su piel suave como durazno, su tutumita, su suave voz. Siempre olía rico y vestía impecable.

La gran hazaña, según el relato de mi madre, es que viajó de Ecuador a EEUU allá por los años 70′ con los coyotes, tuvo mucha suerte de llegar entera, claro en ese tiempo no estaban los zetas, el narcotráfico y toda la maldad de este mundo. La pasó realmente mal en su viaje, fue muy largo y sufrido. Su presión arterial nunca llegó a ser la misma y la declararon hipertensa apenas tocó suelo norteamericano. Acá era peluquera, será por eso que guardo tanto respeto a esa profesión. Allá no salió nunca de la factoría. Solo trabajó durante toda su vida. Hizo solo eso. Contrario a lo que pueda suponerse ella adoraba tener su trabajo, su rutina. Su departamento era pequeñito como una calabaza, de sillas amarillas y paredes a veces verdes, otras con papeles tapiz de rombos. El gin tonic era su bebida favorita, le fascinaba la playa y celebrar la llegada de cada nuevo año en las calles.

Me escribía a mano con su hermosa caligrafía, me escribía cada línea solo a mi, me contaba de como iba todo, de los pajaritos en el árbol que veía desde la ventana del baño. De como los pajaritos cantaban. Una vez hasta me envió foto de los pajaritos. La recuerdo siempre con nostalgia y fascinación. Era increíble cómo sabía perfectamente las cosas que me gustaban, ella me dio mi primera y única brújula, mis primeras botas, mi primera polvera, un pequeño librillo que aún conservo intacto. Me dio sueños, podía sentir que existía, que era importante para alguien en otro lugar del planeta. Ella era toda detalles.

La amaba mucho. La odié un poco cuando vi sufrir tanto a mi madre tras su muerte. Luego la he vuelto a amar. A veces cuando la pienso, en esta etapa de mi vida pienso en su dolor y su firme decisión de buscar un norte para ella y sus hijos, entiendo lo mucho que duele desprenderse. Desprenderse duele.

La admiro. Como era ella, grandiosa. Es que olía tan rico.
Una vez llegó a pasar en nuestra casa en época de navidad! Eso fue un sueño… hicimos juntas un centro de mesa con un simple tronco, fue como magia, el algodón del botiquín era nieve y tomamos unas ovejitas del nacimiento para coronar nuestro adorno, también le pusimos unas setas y hongos de un rojo brillante. Esos días fueron inolvidables porque pude verla con su batita de dormir y la vi dormir, despertarse, como un ser real. Vino a mi boda y cuando nació mi primer hijo, tomó un avión para conocer a su primer bisnieto.

Bazar de Novedades es eso, un poquito del universo de mujeres valiosas que existen.
Gracias Sandra, hacer esa obra me permitió sanar muchas heridas, de hecho se convirtió en el inicio de un largo proceso, íntimo.”

Captura de pantalla 2018-08-06 a las 2.14.10 a.m.

Nicole Domínguez

IG: @deoko

Fotos del lanzamiento por: Carol Ros

Azul Arellano

https://www.facebook.com/Jart-District

Yoyita Añazco

IG: @bitacoradelasandia

 

 

Éste es el cuento del bazar de novedades de Blanca Burneo Palacio, mi tía abuela. Todos mis abuelos murieron cuando yo era muy pequeña, así que ella fue lo más cercano que tuve a una abuela. Hermana de mi abuela, sus historias son infinitas, como el bazar que tuvo y no funcionó y cuyas cosas pasaron a su casa. El resultado: una casa siempre llena de chucherías retro. Mi tía tuvo dos perritos ¬–uno salchicha, Titi, y una french, La Nena–. Se metía en problemas por sus comentarios. Según una prima (y así lo creo), sabía cómo sacarte secretos infaliblemente. Era muy devota de la religión; decía que rezaba el rosario cada noche. Construyó su casa, se compró su auto Toyota Station Wagon rojo del 81 y aprendió a manejar mirando al chofer del bus, lo cual probablemente no la hiciera la mejor conductora, pero se defendía. De lo poco que recuerdo: leía el periódico de principio a fin lentamente, como si no quisiera que en el camino se le pierda alguna palabra. Decía que su mamá la hacía leer el periódico así. Trabajó para la Coca-Cola, y cuando falleció, mi hermana creyó encontrar la fórmula en su casa cuando le tocó limpiar. En estos últimos tiempos, en los que me toca ser tía, pienso en ella y en su máquina de coser. Los clósets llenos de ropa. El bar que no se usaba. Cuando contaba a los familiares fallecidos y constantemente limpiaba el mausoleo familiar. Tenía fotos de viajes por Europa y Estados Unidos. Construyó casas que luego vendió. Era de esas tías que compran todo de plástico, que está pendiente de lo que se vende en TV ventas o de esas cosas que se canjean reuniendo stickers de algún lugar. Unos meses, o tal vez un año, antes de fallecer, cuando empezaba a quedar senil, me dijo que quería regalarme un acordeón que su padrastro, un señor al que le encantaba la música, le había dado. Cuando me lo dio me dijo que sólo sería para mí y que si se me ocurría regalárselo a un novio vendría a jalarme las patas. El último novio que tuve me pidió varias veces que le regalara el acordeón. Yo sólo lo miraba, sin decir nada, y recordaba las palabras de mi tía, que ya no estaba en el mundo de los vivos. Él me rompió el corazón, pero el acordeón sigue bien guardado en mi casa. El corazón se curó y nadie me jala las patas. Su historia me hizo pensar en mi amor por los bazares, las importadoras chinas, las tiendas de hilos, las ferreterías. Que hay muchas formas de vivir. Que hay muchas formas de pasar sabiduría. La aventura de ir a su casa con sus luces amarillentas. La recuerdo porque tal vez no entendí muchas cosas de su vida, sino hasta ahora. No quiero decir “nunca se casó” porque detesto que a las mujeres se les valore por su estado civil y no por todo lo que hacen o viven; como si nada más fuera válido. Porque detesto que a mí se me ligue a mis relaciones pasadas, antes que a mi trabajo o mis aventuras. Hago esto porque quiero contar historias de otra forma. Quiero recordar de otra forma.

 

Margarita Ruiz

IG: @margaritaruizbordados

Andrea Yépez

IG: @andreayepezphoto

Angie Ron

IG: @petitecaotica

Carol Zambrano

IG: @escarlata.carol.ros

 

Mariana Rodríguez

TW: @MGilmouRimbaud

Edición de textos del fanzine: Ericka García Díaz

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