TELAS DE ARAÑA

Quiero hacer un recuento de este 2018. El cual más de una vez me he burlado o me he quejado rotundamente de “lo mal que me ha ido”. Dentro de mis posibilidades privilegiadas de lo que puede ir mal, he construido esa narrativa a partir de mis fracasos económicos básicamente. Me he desgastado, me he cansado, he sentido el peso de entender muchas realidades sociales que no podré cambiar, debido a esto he estado en muchas ocasiones deseando la muerte, entre risas y en serio.

Seriamente llegué a conclusiones donde pensaba sobre lo fácil que sería morirse y lo difícil que es vivir luchando diariamente, este concepto de estar luchando diariamente con todo el mundo… no hay frase de superación que cambie mi parecer sobre que no le encuentro sentido.

Por suerte, hay ciertas telarañas que de pronto se me pegan y me jalan de las orejas. Me recuerdan como reubicar la columna vertebral, y luego que las historias en muchas ocasiones depende de cómo las cuentas. Cuando terminaba el 2016 recuerdo que había pasado por cosas emocionalmente muy fuertes y tristes, y para mantenerme a flote exploté creando y produciendo obras. Producir me evitaba caer en agujeros muy oscuros de mi mente o tal vez, más bien, me permitía habitarlos sabiendo que podría salir de ahí.

Cuando terminé toda esa producción, en fin de año, mi madre, como para poner un freno a que se me vaya el tren por el barranco, me dijo “Ya, lo hiciste bien, ahora disfruta”. Me costó un montón parar, disfrutar, no sentirme culpable por no estar pintando o pegando papeles todo el tiempo. Me obligué, pero no me duró mucho tiempo.

En el 2017 empecé a hacer el tarot de San Antonio que lo visualicé como una baraja de 80 cartas, que cuando iba por la carta 53 no sabía porqué me había puesto esa condena y cuál era mi razón de existir.

Al completar las 80 y verlo como un producto real en el mundo, fui feliz por un corto momento. Pero luego no creía que era suficiente. Empecé a maquinar 2 nuevas producciones, pero por suerte tenía una deuda y 120 barajas de tarot en mi casa. El 2018 a fuerza sería mover mi tarot dentro de lo que me era posible, deseaba exponerlo en varios lugares. Mis únicas producciones nuevas en el 2018 fueron el fanzine Bazar de novedades y Macumba. También pinté cosas que creo que son muy importantes para mí que aún no hago públicas, que espero dentro de unos meses sea posible publicarlas.

Cuento estas cosas porque hay un hilo conector entre lo que pasa en mis entrañas y mis producciones, a primera vista yo no lo veo, pero luego lo entiendo. El Hilo de Ariadna, más allá de salir de una pena amorosa, era recordar la posibilidad infinita de crear (hilos) que tengo. Ese hilo infinito se desplegó en el tarot de San Antonio, que hablaba también, entre muchas cosas, de “mi ser ermitaño” y cómo de a poco intento no sumirme por completo en eso. Dejaba entrar un poco a la bruja excesiva durante el 2017. El 2018 sería de esta bruja que sabe mutar en araña.

Siento que para mí el 2018 fue buscar que estos hilos se transformen en redes, los fanzines que fabriqué buscaban conectar historias de mujeres, yo sabía que no quería volver a escribir una historia lineal, de una sola línea que si se caía, el mundo era insostenible. Quería una tela de araña, una que tenga muchas conexiones con las que me sea posible alimentarme.

Al rededor de julio – agosto cuando estaba a punto de tirar la toalla. No creo que porque fuera en exceso difícil (que lo es) existir del arte, sino que no había parado nunca de producir en realidad, nunca había descansado un momento. Ahora veo eso.

En ese momento donde más lo necesitaba, aparecieron las chicas con las que luego formé el colectivo de La Gallina Malcriada donde crearíamos promoción y registro de mujeres que son parte del mundo del arte de Ecuador y especialmente de Guayaquil. La tela de araña crecía, conocí más mujeres, más historias, me uní mucho más con mis amiguis previos.

Por mi forma de ser ermitaña y bruja tajante, el trabajo en grupo se me dificultaba un poco, desaparecer “el yo” y el “yo lo hago sola” es primordial al formar colectivos (asumo). Es un proceso, en el que agradezco haberme topado con personas que tenían la habilidad de entender que éramos distintas, que nuestras voces eran todas válidas y que podíamos crecer aprendiendo de las otras. Que no es un proceso que acaba en un día, sino que es constante. Sentí algo muy valioso, y es que la tela de araña no la construía yo sola. Dentro de una lucha que la sentía gigantesca, no estaba sola.

Esta podría ser una conclusión, una serie de cosas que sucedieron este año, me hicieron caer en cuenta de que: nunca estuve sola. La narrativa que usualmente te hace construir el sistema es que si no tienes una pareja, estás sola. Especialmente si eres mujer.

“QUÉ VAS A HACER CUANDO ESTÉS VIEJA Y SOLA.”

Lola: Me voy a suicidar, ya que nada más en mi vida tiene valor si no tengo un dueño.

Hay un stand up de Hannah Gadsby que está en Netflix que no tiene mucho de stand up, creo que a partir de los 20 minutos hasta el final pasé llorando. Entre muchas cosas ella hablaba sobre dejar de “romanticizar” la locura o la depresión. Habló del caso específico de Van Gogh, y que un tipo le había dicho a ella que si Van Gogh no se hubiera vuelto loco no tendríamos los girasoles.

Indignada por esto, porque no sólo minimizas el sufrimiento que pudo tener esta persona o personas similares durante su vida, sino que además lo justificas porque sacaste placer de eso. Hace una serie de conexiones de ideas, hasta llegar a la conclusión final, la más valiosa. Nosotros no disfrutamos de los girasoles de Van Gogh por su locura, disfrutamos de los girasoles porque Van Gogh tenía un hermano que lo quería y lo cuidaba dentro de lo que podía. La conexión es lo que nos salva y trae cosas maravillosas al mundo.

“Nunca estuve sola”, mi primera red más fuerte ha sido mi familia. Mis padres, mi hermana, mis sobrinas, etc. Lo que hay que entender de la red es que todos tienen un trabajo igual de vital, aunque unos parezcan que son trabajos más grandes que otros, pero sea cual pueda ser tu aportación a la red que tengas o a las redes tengas, son importantes. Me dan techo, comida, conversaciones, amor y paciencia. Tal vez no comparten muchas cosas que hago o decido, pero entienden dentro de lo que pueden y no me dejan caer.

No es que todo sea perfección y no discutamos o no tengamos problemas, pero eso pasa en todas las redes y en cualquier relacionamiento humano.

Yo tengo esta red principal, pero no es que sea obligatorio para todo el mundo que su familia sea su red principal y si no la tienes estás fracasando. No, hay muchas personas que pueden ser tu red y es bueno visualizarla para intentar entender cómo funciona, para poder congeniar mejor con ella. Porque igual que como formar un colectivo donde tienes que desaparecer el ego y el “yo lo haría de este modo, ergo esa persona está haciendo mal todo” genera más fricciones que a veces son innecesarias. Pero a veces la fricciones también son necesarias para crecer, pero es mejor elegir bien las batallas.

Las redes con mis amiguis, las redes de lucha, las redes de trabajo, se vuelven como la cama de resorte de abajo cuando caminas por la cuerda floja.

Hay que intentar escuchar cuando alguien pide ayuda, no minimizar ese dolor porque no sabes lo terrible que puede estarla pasando y además sobre eso hacerlo sentir culpable por sentirse mal. No volcar la vida sobre esa persona, pero saber darle la mano o solo que sepa que no está sola mientras transcurre su mal rato.

Otra cosa que me resonaba en la cabeza esta filosofía de “No necesitas a nadie, enamórate de ti”. Como que uno fuera un jardín de flores hechas de seda. Sí considero que es súper importante aprender a estar con una misma la mayor cantidad de tiempo posible, pero es un proceso dificilísimo el de enamoramiento propio, no imposible, pero complicado y no se acaba en un solo momento. Te das cuenta muchas veces que no eres tan genial como piensas. Que no siempre tienes la razón. Que no puedes vivir pensando que tú estás bien y el resto está mal.

Hay días insoportables, que no te quieres ni sacar de la cama o ver el sol, y que además ahí no puedes largarte. Que te ves al espejo te detestas o que nada de lo que haz hecho te parece que aporta en nada a nada. En ese momento, enamorarte y sacarte de ahí es durísimo, pero ahí es donde ves si realmente estás enamorado de ti. Las redes te ayudan, pero quien te saca de ahí eres tú. Pedir ayuda de hecho es necesario, pero tú te sacas de ahí.

Enamorarte de ti mismx es importante, y eso requiere también ser compasivx contigo.

Es la razón por que muchas personas se mantienen o están en relaciones, porque no quieren tener que lidiar con esa parte de sí. Lidiar con esa parte es (dentro de mi parecer) primordial.

Al entenderla intentas, dentro de lo posible, no regarsela o culpar a nadie más porque exista o sabes cómo reacciona y no permites que otras personas la controlen. Entiendes cómo funciona cuando te relacionas, aprendes además a ser más selectivo con tu relacionamiento. Sabes que no eres todo paz y amor, pero tampoco eres un monstruo tenebroso. Eres una mezcla de ambas tal vez, y muchas más cosas.

Detesto las filosofías de pensar que todo está bien y que todo va a salir maravilloso, y hay que seguir y seguir y seguir. Por que creo que en su totalidad eso no es la vida. Hace poco conversaba con una amiga, que me parecía que esta era una de las ideas que nos llevaba a sentirnos cada vez más solos y deprimidos como humanidad. Porque no computamos en nuestra cabeza que hay momentos en los que nos sentimos mal o que las personas que están a nuestro al rededor se sienten mal y nos enoja porque “TODO EL TIEMPO TENEMOS QUE ESTAR BIEN”.

Que veía como eso se pasaba a las relaciones de parejas donde ya nadie quiere responsabilizarse de nada, porque sólo queremos estar para la parte divertida de esa persona que básicamente usamos. Porque pararse y decidir estar con alguien también significa entender que vendrá una parte fea, que eventualmente pasará seguramente y el sol brillará de nuevo. Pero no cabe esa idea en la filosofía de placer y felicidad constante. Lo que termina cada vez más construyendo soledades.

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Eso es lo que he disfrutado de la tela de araña, porque es el glitch en el sistema. Nunca se les da la importancia a las redes, al punto de invisibilizarlas, entonces las responsabilidades de lo que tengan que hacer no son tan dramáticas, muchas veces funcionan de manera orgánica sin si quiera darse cuenta. Otras muy conscientemente y eso es genial.

Nadie nunca te pregunta en las fiestas o en los cumpleaños, cómo van tus redes o cuándo construyes una para cuando estés vieja. En este año agradezco eso, la posibilidad de haber podido visualizarlas, ver cómo son muy fuertes y me ayudan a crecer o no caer.

Cuando regresé de México, que fue un viaje que me daba un montón de miedo y lo hice con miedo, pero me llevó a un lugar maravilloso de mi ser. Donde culminaba mi deseo de llevar mi tarot a grandes distancias.

Casi por la misma iba a sacar, lo que ahora sé que es mi mecanismo de defensa: Sentarme a producir sin parar como maquinita. Pero un momento que hablaba con una amiga, me acordé de lo que me dijo mi mamá en el 2016 “Ya, lo hiciste bien, ahora disfruta”.

Me paré a raya, a pesar de cualquier cosa que pudiera pensar o sentir, y decidí que en diciembre disfrutaría. Que trataría de pasar tiempo con las redes, fomentar la conexión y el afecto que a la final es lo que nos mantiene y me mantiene a mí. Hice lo que quería hacer en el año, basta de latiguearme.

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Agradezco cada conexión que se construyó en este año y las que se han mantenido hasta ahora a través del tiempo. Porque las conexiones buenas son difíciles de encontrar. No es sólo coleccionar gente equis y tener 2mil seguidores o 400 likes o 3mil amigos en facebook.

Es poder saber que tienes más de un lugar donde regresar, alguien que sabes que le puedes contar un secreto, ese lugar donde puedes ser vulnerable, llorar, bajar la guardia, ser tu parte más fea, y que sepa que tu parte más linda volverá seguramente, una mano que sostener, un abrazo físico o mental.

Gracias,

Que en el 2019 nos crezca la empatía a niveles inimaginables, que aprendamos a estar en el presente, no compararnos, y saber que cada quien tiene su propio proceso y camino. Que su nuevo año esté lleno de cariño, anarquía y telas de araña.

PD:  Mis historias no son verdades absolutas, sólo son ideas que voy poniendo al hacer mis hilos. Las comparto por si les sirve de algo por ahí.

Un mensaje:

 

y una canción:

 

 

 

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