BAZAR DE NOVEDADES II

 

Después de más de dos meses de lanzar este fanzine me siento a escribir. Entre como que he dicho en repetidas ocasiones, me cuesta un montón registrar lo que hago y entre que me toma mucho tiempo salir de la pregunta “¿por qué hago esto?”.

El último fanzine que entregué me ancló a una de las respuestas de porqué hago esto. Una chica que no lograba entender cómo sanar heridas que venían construyéndose desde su abuela, su madre y luego ella. Encontró en un cuento la respuesta a esta necesidad de sostenerse sola, sin caer sobre estas figuras. Cuando me lo contó, entendí la razón por la que hago la mayoría de mis proyectos. La conexión entre humanxs.

Bazar de novedades no es un fanzine para hablar de lo maravilloso que es ser mujer y que uno tenga que hablar de lo lindo y florecido que es pasar por todas las etapas que el sistema nos dice que tenemos que pasar, etc. Es todo lo contrario, es encontrar esos espejos muy oscuros, muy humanos, nada de vírgenes inmaculadas y libres de sentimiento, nada de amores incondicionales. Sino mirar con rabia y luego entender para sanar. Entender lo que se perdió en el camino, lo que se ganó, el disparate de escribir la memoria, un documento lleno de errores, heroínas de lo cotidiano. Sólo humanas tratando de encontrarse como cualquiera.

Siempre me es complicado hablar de esto, en la edición anterior creo que pasé un día completo llorando después de lanzarlo, sin entender porqué lloraba. Luego comprendí que al escuchar, leer, ver cada historias, creaba una conexión visible, una que me hacía ver que era real que estaba en una cárcel . Ser mujer me acarreaba un sin número de ataduras.

El final feliz de Bazar de novedades, que es el que yo siempre trato de ver, es que que sin importar cuánta cárcel se nos quiera imponer, cada una escribe su camino tal cual lo quieres escribir. Cada camino es extremadamente diferente del otro. Mi idea siempre fue visibilizar que hay un montón de maneras de ser mujer, no sólo una.

El terror que me causaba pasar de nuevo por el dolor de ver cuánto me puede aplastar del sistema, creo que me hizo olvidar ese día decir algo más emotivo que lo que dije. En este año me sentía cansada y asustada de hacer esto, pero como muchos de mis proyectos sé que si no los hago o no los llevo acabo de la mejor manera “No sería yo” “No sería Lola” “No sería Sandra”.

 

 

Bazar de novedades además es un trago fuerte de jarabe para alivianar mis obsesiones compulsivas. Es, creo yo, un libro de artista, pero reproducido por un número limitado. Cada imagen, cada letra, el cosido, cortar los cartones, las cartulinas, elegir los colores, cortar y pegar cada nombre, etc. Luego de eso no me quedan ganas de obsesionarme por los errores. Todo empieza más o menos en octubre del año anterior cuando envío la invitación a las artistas que me gustaría que estén en el fanzine. Se va creando un grupo orgánicamente, entregan sus obras y empieza el acordeón a sonar.

Utilizo el acordeón como encuadernación para rememorar el acordeón que mi tía Blanca me regaló, ella es la razón por la que este fanzine comienza, hablo más de ella en la primera edición que pueden revisar aquí.

La portada que realicé tenía que ver con imágenes que iban apareciendo en mi cabeza al leer, ver o escuchar las historias del fanzine. Un huevo de tiburón, hormigas enamoradas de diosas imperfectas, tumbas que son difíciles de dejar ir, sentir la tormenta, crecer en medio de esa tormenta, mantener una lengua de fuego y ascender. Tenía esta idea de hacer un comic abstracto como los de Robet Crumb.

A lot of what we saw of riot girls doing, was going back to their girlhood and reclaiming that girlhood,
that had been taken away from them… where they’re like, ‘I’m actually gonna be a little girl that has power now;
I’m gonna relive that part so that I can then direct my whole growing up experience from there, from point A
– Lynn Breedlove
(The punk singer documentary)

 

 

Diana Gardeneira

@dianagardeneira

Retrato de mi madre

Extracto de TRES – Ruta de los latidos del corazón
Alice Goy-Billaud
All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.*
Samuel Beckett
Worstward Ho (Rumbo a peor)

 

El último tren de la noche está listo para partir. Miro a mi madre que se queda en la plataforma. Tiene un rizo rebelde sobre la frente que se niega a ordenarse con el resto de su cabello liso y pelirrojo. Tengo el mismo rizo, pero suele cambiar de color según mi humor. Al mirar a mi madre con atención, sube en mí desde el plexo y hasta las mejillas un profundo cariño. Le regalo una sonrisa. Para mí, hay dos tipos de mujeres: las que me dan ganas de crear y las que me dan ganas de gritar. Mi madre es una sola y tiene ambas, como una moneda con dos caras, lado A y lado B. También hay dos tipos de hombres: los que me fascinan por amar a las mujeres sin pretender entender nada sobre quiénes son, pero que se identifican más con ellas que yo, y los que piensan que la mujer es un ser frágil y especial. Con estos últimos no tengo nada que compartir, pueden dejar la lectura de este libro, por si acaso la habían empezado.

Con el tiempo, dejé de pensar que los padres tienen que ser perfectos. Encontré personas increíbles criadas por padres catastróficos. Mi madre es tan frágil y fuerte como cualquier ser humano. Los padres son seres humanos. Los seres humanos somos imperfectos. Los padres son imperfectos. Todos somos resilientes de alguna manera. Podríamos asumir como psicología barata de barra (así se dice en francés cuando un borracho le cuenta sus problemas a otro borracho, el cual le hace gratis un análisis cargado del alcohol que se está ingiriendo en ese momento) que me gustan mucho los hombres porque busco a mi padre, pero voy a decepcionar a los amigos de Freud, mi padre es fantástico: no necesito dos como él. Siempre fue y está muy presente en mi vida. A pesar de la religión, supo encontrar respuestas a sus dudas cuando le presenté a mi primera novia, Sandra. Mi madre no tenía problemas con el hecho de que saliera con chicas. Siempre me crió con los conceptos de la revolución sexual de 1968. Lo que le costó fue mi primer novio. Podría recordar todo lo malo, los dramas, los gritos… pero me dolería mucho y no lo aguantaría. Tengo tendencia a olvidar los excesos que provoca el absurdo.

Mi madre lado A era fantástica, una mujer increíble: luminosa, un poco bruja, cariñosa, creativa, divertida, muy divertida. Me transmitió herramientas de vida: cómo coser, cómo curarme, cómo buscar soluciones frente a un callejón sin salida. Me enseñó las palabras y cómo usarlas de manera adecuada. Me enseñó que una mujer no necesita específicamente un hombre para cambiar un foco o arreglar un carro, sino un ayudante, y que este ayudante puede ser de cualquier género, pero que la debilidad o la necesidad de ayuda no debía fundamentarse sobre un prejuicio de género. No veo a la madre lado A que me crió desde hace mucho tiempo, pero estoy agradecida de haberla conocido.

Mi madre lado B hace lo contrario a lo escrito en el párrafo anterior y usa las palabras adecuadas para herir. Debe ser uno de esos seres tan sensibles y tan empáticos, que para no morir de dolor al sentir emociones demasiado fuertes, prefiere cerrar todas las válvulas del cariño o de la alegría. A mí me resulta que soy tan sensible y tan empática como mi madre, y que, al ver las consecuencias desastrosas de un cierre constante a las emociones, prefiero dar y dar y dar. El amor se da y se multiplica. Creo que me costaría más cuidar el amor que doy y a quién se lo entrego, que sufrir las consecuencias de dárselo, a veces, a personas equivocadas. La mayor parte del tiempo no me equivoco, doy, y recibo mucho amor. Así, cuando tuve dieciocho años, tomé todo lo positivo que me había enseñado el lado A y me fui para huir del lado B. París me recibió con los brazos abiertos y regresaba a veces al sur para comprobar que vivir lejos era la mejor decisión.

Era domingo, cerca de las diez de la noche; hora de regresar a la capital. Me sonrió de vuelta, le di un beso volado antes de que la puerta se cerrara. A mi lado, una chica delgada, pequeña, con el cabello negro, largo hasta las nalgas, estaba haciendo lo mismo que yo. Nuestras madres se quedaron en la plataforma y ambas dimos el último saludo con la mano mientras el tren se alejaba. Cuando se volvieron tan pequeñas que no podíamos verlas, volteamos hacia la otra:

—¿Vas hasta París? —preguntó con una sonrisa tan dulce que ya deseaba conocer el sabor de sus labios.

—Sí.

—Me llamo Blanche.

 

 

*Todo de antes. Nada más jamás. Jamás probar. Jamás fracasar. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.

 

Feminazti (Sobre mi hermana)

Fernanda Chevez

@ladoolla

https://www.behance.net/fernandachevez

 

Remendando Afectos
Sofía Bermúdez
@sofiayequipaje
Ilustración: Lola Duchamp

 

Mientras preparábamos el discurso, mi hermana preguntó: “¿Quién era Isabel?”. Yo —sin pensarlo mucho— le contesté: “Mi abuela era una mujer jodida”; a lo que mi prima completó: “pero definitivamente ese era su encanto”. Y así comenzó una despedida que no pensé tener tan pronto.

Viví con mis abuelos maternos entre los 15 y los 20 años. Una temporada que agradezco haberla compartido con ellos, en ese entonces ambos vivos. Él era el acolitador y ella la refunfuñona. Fue como tener en paralelo a un padre y una madre, mientras digería que la dinámica con los originales no volvería a ser la misma. Mis primeros recuerdos de ella están relacionados a su depresión, una condición clínica que nunca logré entender tanto hasta quebrarme yo un poco también. Y aún así, algo le reprocho, el que esa enfermedad haya creado una distancia afectiva entre nosotras. Aunque entiendo que así, seca de cariños, siempre fue.

En los últimos años de mi abuela observé que intentaba remendar las cosas, para ella misma, creo yo. Sonreía un poco más, me dio muchos más besos y abrazos de lo acostumbrado, y hasta comenzó a pintar. Harto le debió costar a mi abuela, costurera, resarcir con tanto hilo suelto. Porque, de lo que sé, también tuvo carencia de afecto. En su “baúl de recuerdos” había cientos de fotos desordenadas en las que aparece muchas veces riendo… Husmeando en él, después de enterrarla, pensé que tal vez no era una persona triste, que tal vez solo estaba descosida y que es difícil zurcirse las propias heridas. Lo sé, porque harto me ha costado a mí llegar hasta aquí, escribiendo estas líneas; intentando tejer algo que nos una, a falta de caricias… Ella fue un espejo en el que me costó (¿cuesta?) verme.

Cuando estuve muy triste, muy rota, tuve miedo de acabar como ella… dependiente de medicamentos y de atención.

—Tengo miedo de tener depresión. (…) He buscado los síntomas. (…) Mi abuela tiene depresión.

— No tienes depresión. (…) Estás aquí hablando de ello.

—Me dijo mi analista con su singular tono y expresión de confort.

La maternidad falsamente fallida “Te quiero abuelita” fueron las últimas palabras de cariño que le pude expulsar. Nos dijeron que nos despidamos y yo no sabía cómo hacerlo. Nunca se sabe cómo hacerlo. Aguantó un día más y tras ciertas conversaciones tuve la esperanza de que tal vez (pese a que ni las agujas de la intravenosa le entraban) se podría recuperar. Le pedí que sea fuerte, le di un beso en la frente y le dije “mañana vengo”. Esto sí fue lo último que escuchó de mí. Lo recuerdo con un poco de arrepentimiento. Respiro e intento no ser tan dura conmigo misma. Mientras mi abuela estuvo en el hospital, un periodo de unos 4 meses en que todo iba de mal en peor, me cuestioné nuestra relación y los usos de las maternidades, incluyendo las de las abuelas. Madre y abuela son usadas como refugio y consuelo; algo que no hallo en las mías, algo que intento deconstruir.

Con mi madre las cosas tampoco han sido fáciles… Puedo pasar semanas sin recibir un abrazo de ella, pero no más de dos días sin recibir un regaño o una orden

—tosca, usualmente—… A menos que no nos veamos.

—Tengo miedo de ser madre, porque tengo miedo de ser como mi madre. ¡Cuánto me costó sacar eso de mi boca, pese a que lo venía pensando por años!

—No lo vas a ser. (…) Porque estás aquí hablando de esto. —Repitió mi analista en otra sesión De a poco voy deshilachando las uniones que tengo con mi trinidad femenina: mi abuela, mi madre y yo… no con el afán de separación, sino de enmienda.

Tal vez nuestra historia es la de los ciclos que no tienen por qué repetirse, sino más bien nutrirse y mutar en el reinicio. Quiero ser yo la creadora de nuevas puntadas. Tal vez es mi hora de cambiar los hilos y las redes del afecto. Aunque me cueste admitirlo —con todo mi cuerpo—, no lo necesito. Me necesito a mí misma, con lo que hay. Me necesito con la aguja lista para remendarme y con los brazos abiertos para abrazarme las veces que sea necesario. Ser mi propia abuela, madre e hija. Ser mi propia trinidad.

 

Malorena Peña Puga
Lcda. en Artes visuales
“Amor eterno”
IG: @malorena_eltaller
La historia de esta ilustración es de dos mujeres que han tenido que criar a sus hijos solas, ambas divorciadas y muy conscientes de que tenían que valerse por si mismas para sacar a sus hijos adelante. Pero algo curioso es que ambas comparte un verdadero dolor, el de haber perdido a uno de sus hijos, ambas muertes fueron accidentes. Las dos han sido parte muy importante en mi vida una de ellas es mi madre, que aunque me llevó muchos años realmente conocerla y comprenderla, ahora estoy casi segura de el porque de cada una de sus decisiones, y la otra es mi suegra (que aunque es una palabra que, no se porque, no suena tan bonita) desde hace 10 años que esta en mi vida ha estado incondicionalmente a mi lado. Las amo y las admiro, por eso quise homenajear su dolor con una ilustración que si bien no transmite tristeza representa de una forma dulce el luto que las envuelve cada día de su vida, porque esto es algo que sin duda jamás se olvida, la letra de las canciones que las acompaña son especiales, pues cada una se la ha dedicado a su respectivo hijo.
Sofía Silva Ulloa
@soaccesorios1

“Tú y yo. Quisiera que sintieras lo que yo siento por ti.

Cuando tú pasas se callan las palabras,

se detiene el viento. Quisiera dibujarte en mi cabeza para nunca olvidarte.

Tú me das la fuerza para seguir al viento. Por ti y por mí, un mundo nuevo crearía.

Pero mi mundo es este y solo espero una palabra tuya. Entonces el viento se calma,

las hojas se posan y tu corazón mira al mío. Nuestros corazones se unen.

Nos entendemos por segundos en este maravilloso mundo que hemos creado tú y yo.”

 

Ambar Troya
@ambartroya

 

Esta es una de las historias que mi abuelita Haydee me contó. Una noche como cualquier otra mis abuelos estaban en cama y escucharon un ruido extraño, como si alguien estuviera por ahí queriendo meterse a su casa (Ellos vivían en su hacienda). Entonces mi abuelo ve a mi abuela y le dice:

-Haydecita vaya a ver que está pasando.

Mientras él seguía en cama un tanto asustado (él 10 años mayor), mi abuelita tomo su escopeta se puso sus zapatos, bajó las escaleras, y preguntó con arma en manos:

-¿Quién anda ahí?, ¡muéstrese!

Pero resultó ser una vecina muy asustada escapando de su esposo que la había maltratado, mi abuelita le dio un té para que se calmara, la aconsejó que dejara a ese mal hombre y volvió a su cama a descansar.

 

Ana María González
@anama_gs

 

 

Kenia Carbo
@kenia_carbo

Me interesa la relación entre el tiempo y el tomar una fotografía, a más de congelar el tiempo, pienso que también es crearlo, ambientar ese instante. En esta serie de dibujos busco plasmar  una contemplación, la cual es paralelamente construida y extraída desde sus reales orígenes, la ilustración de estas tazas evocan un recuerdo,  conversaciones que estas tienen detrás, como por ejemplo su contexto y un lugar de origen.

 Es sencillamente la representación de un recuerdo, quise realizar estos dibujos con la finalidad de evocar un reencuentro.

 En mi niñez, pase mucho tiempo en casa  de mis abuelos, los cuales eran agricultores cafeteros algo destacados por su labor en la zona de Manabí, con bajas económicas a causa de  la dolarización fueron perdiendo territorios y ganancias con su producto, poco después mi abuela, Brunilda, logró seguir con lo poco que el negocio de venta de café que este generaba a esforzarse por ganar hasta lo mínimo. De ella aprendí el esfuerzo y la constancia por mantener un espíritu solidario y luchador, no solo para con los suyos sino también para cualquiera que visitara su hogar de campo, su cocina comunitaria. Ahora ni mis abuelos ni el lugar de vacaciones existe más, sin embargo no dejo de visitar esos espacios que con frecuencia realizo recorridos y encuentro cierto interés por los elementos que han estado permanentes, como por ejemplo, las flores, las telas floreadas de los vestidos favoritos de mi abuela, las pequeñas tazas ilustradas con flores que aún están siendo guardadas como en un baúl sin uso, lugares comunes que han sido para mí Paisajes Imaginarios, que de alguna manera han remitido en mi subconscientemente la estadía de algo bello a lo largo y ancho de múltiples lugares, como otra forma de recordar, remitiendo a la ausencia.

Tomándolo como lugar muy personal, para mí encontrarme con estos paisajes me lleva a la niñez, a las enseñanzas de constancia, valor por la naturaleza y tejidos solidarios.

También están la casa con sus objetos y rincones marcados de ausencia, permanentes y deteriorados, en algunas ocasiones la visito y la habito como una especie de ritual, recorro y fotografío sus contenidos y a su vez  contenedores subjetivos como un museo permanente que poco a poco se desintegra, metafóricamente conecto diálogos con aquello que encontramos como parte de nosotros, del ser habitable, y como esta desintegración física  nos modifica, aludiendo a la pérdida o a la mudanza de nuestros cuerpos, mentes y recuerdos, situados en un presente (flores/jardines) o un registro (fotografías/objetos) que nos mueve de alguna manera a cierta añoranza por el pasado.

“Triptico de dibujos sobre papel: marcador, tinta, acuarela y grafito.

Trozos de tela recordada. pertenecientes a partes de un vestido de mi abuela”

 

Mujer espacio
Texto de: Laura Nivela
@crimesvenus
Ilustración : Lola Duchamp

Me llamo Laura igual que mi abuela paterna a la cual nunca conocí porque se fue siendo muy joven pero la he recreado en mi mente como una mujer-espacio (a lo largo del texto explicaré el porqué de su sobrenombre mental), por medio de los relatos de mi padre.

Ella se llamaba Laura Amarilis Castro Acosta, más conocida como “manos de seda” por jugar basquet de manera muy sutil e inesperada. Viendo sus fotos veo su cabello sambo y corto, nariz aguileña que hacen una extraña armonía con sus ojos café oscuros y achicados que siempre parecen estar tramando algo. Laura Amarilis, nació el 25 de mayo 1944 en Portoviejo.

Mi padre habla de ella como una mujer colorida, fuerte, estudiosa y también como un ser taciturno por las noches pero no quiero hablar aquí sobre lo que la ponía triste sino de lo que la fortalecía y animaba en sus actividades diarias.

Laura Amarilis fue una de las pioneras en el transporte público de Guayaquil porque juntó todas las furgonetas individuales y las puso a disposición del pueblo con destinos y trayectorias que cruzan de polo a polo la ciudad en ese entonces. Imaginen que cada bus y metrovía que ahora nos transporta a nuestros lugares de trabajo y a nuestros hogares fue puesto en circulación por una mujer sonriente con el sol en su frente trabajadora y que por lo tanto revolucionó nuestra manera de circular por esta ciudad serpiente, por esta ciudad viceversa.

Los buses comenzaban su recorrido el parque San Agustín ubicándose en la calle Luis urdaneta, calle donde también vivió casi toda su vida. Aquellos buses se dirigían para Mapasingue y La Prosperina, todo comenzó con los números: 48, 49 y 25 en una compañía que se llama “Naciones unidas”. El recorrido y pago de los pasajes era en el parque San Agustín, todas las mañanas desde muy temprano las personas hacían una larga fila para poder llegar a sus trabajos y en las noches para regresar a sus hogares. Constantemente Laura, se movía en cada bus, en cada ruta, verificando con sus ojos achicados los asientos y el mantenimiento de las furgonetas. De esta manera poco a poco Guayaquil dejó de ser incansable o inexplorado, por el contrario, se volvió un espacio que permitía la circulación y nuevas medidas de comercialización.

Laura, como ya hemos sospechado, era una migrante que empezó su recorrido desde Portoviejo hasta la gran ciudad portuaria que empezaba su desarrollo a principios de siglo. Guayaquil fue construida por migrantes no solamente de los adentros del propio Ecuador sino también de los países vecinos. En este proceso de desplazamiento y maternidad mi abuela estudió muchas cosas, fue: enfermera, odontologa, abogada con posgrado en ciencias políticas, profesora de educación física y emprendedora en el mundo del transporte pero a partir de aquí me gustaría entrar por otro lado a la historia. A la casa de mi abuela llegaban ciertos personajes que movieron la historia del país como el primer presidente ecuatoriano saliendo de la dictadura militar que fue Jaime Roldós Aguilera y sus secuaces que se subían a aviones secuestrados con destino a Cuba con bombas en sus cuerpos y que mis abuelos ayudaban desde Guayaquil boicoteando las reuniones de los partidos opuestos. Ella es a partir de aquí la ciudad en sí, una red de conexiones y nacientes maneras de comunicación con lo que nos rodea y compone no solo por el transporte, sino por la participación de una línea de sucesos que marcaron a mi generación y que marcaran a la siguiente si la memoria nos lo permite.

En las fotos que aún se guardan de ella me inunda su silueta como una mujer que nunca se rindió aún en los últimos momentos su corazón solo podía sentir enojo, rabia y gritar deseo. Digo deseo porque es la base de casi todo movimiento corporal, de casi todo sentir que tenemos. Yo tengo deseo de hablar de ella y saber que denota que tengamos el mismo nombre, quisiera entender hasta porque tenemos el mismo signo zodiacal o tal vez la misma tristeza. Ella era de esas mujeres difíciles que deseo llegar a ser algún día. Laura es Guayaquil, es nervio, memoria y no ha muerto.

 

 

 

Alisa Pincay

@alisapincay

 

¿Qué historia puedo seleccionar sobre mi mamá de todo el mundo de enseñanzas que me deja a diario? ¿Qué podría remarcar de todo? Desde que empecé a vivir ella ya estaba ahí, sonriéndole a la vida. Mi mamá se casó a los 30 y quedó embarazada de mi poco después, mientras cursaba la rural de odontología en Posorja. Para cumplir con su rol de esposa y por el amor que le tenía a mi papá, viajaba todas las mañanas hasta ese cantón y se regresaba a Guayaquil. 6 horas de viaje al día para vivir ese hogar recién formado, con ilusiones y calidez. Semanas después de haber empezado la rural fui concebida y ella y mi padre con mucho amor me sostuvieron. En uno de sus viajes de regreso a casa tuvo un ligero sangrado: principio de aborto. El doctor le recomendó una semana de reposo y que si quería tenerme ya no podría viajar todos los días. Ella aceptó y así fue como nos mudamos a Posorja. La familia de una Zorayda, una enfermera del Subcentro donde ella hacia las practicas la acogieron. La señora Claudina, y su esposo, los padres de Zorayda se preocupaban por nosotras. Posiblemente el tiempo que más estuvo separada de mis abuelos, de su casa y la gente que amaba, mi mamá nunca abandonó sus responsabilidades. Avanzó su embarazo sola, contando los días para que naciera, soñándome y cantándome cada vez que podía. Ella y mi papá decidieron llamarme Alisa (Al de Aldo, mi papá e Isa de Isabel, mi mamá). Y así llegué al mundo con un nombre inventado. Nací dos meses antes de que termine sus prácticas así que tuvimos que quedarnos ese tiempo allá. Ella intentó tener más hijos después de mi pero todo el cansancio, el trabajo duro, las horas en bus sobre una carretera en mal estado la debilitaron solo un poco en comparación a toda su fortaleza. Para mi ella siempre será la mujer más fuerte que conozca. La ilustración es de ella en el pórtico de la casa de la señora Claudina con 5 meses de embarazo, sonriéndole a la vida.

 

Dome Palma

Priscilla Aguirre
@cucarachasfilms
Ana Cristina Vázquez
https://www.anacristinava.com/

 

 

El lanzamiento de Bazar de novedades se dio el 8 de marzo del 2019 en microteatro la bota en el malecón del salado, el espacio para la exposición de trabajos fue auspiciado por CEPAM.

El sonido para el concierto de Dome Palma fue auspiciado por Juanjo Ripalda y coordinado por Rnnld G. Dávila.

Documental sobre bazar de novedades realizado por Carlos Klinger.

Bazar de novedades es un fanzine gestionado completamente por Lola Duchamp a.k.a El Hongo Atómico.

Fotos del lanzamiento por Nicole Robayo.

Un agradecimiento enorme e infinito a todas las mujeres que han participado en esta edición y todos los que pusieron su granito de arena de una u otra forma.

 

Quiero ser un glitch en el sistema
Para Olivia, Elisa y todas las niñas

 

He pensado muchas veces sobre qué hablar en mi segundo cuento para el Bazar de novedades. Pensaba en todas las historias que atraviesan nuevamente este espacio de novedad. Pensaba en los fantasmas que me rondan o que quiero que me ronden, las historias que no se validaron en un tiempo. Pienso en estas mujeres que se pierden en el tiempo por no ser el molde o por serlo. Pienso en los fantasmas que quiero que me griten y cómo siento que hace mucho tiempo se fueron. Pensé en ese momento, cuando en terapia, me senté y dije muy segura “Ya lo decidí, no quiero ser madre”. Alejandra respondió con alegría “¡Perfecto! Esa es una decisión y es tuya”. Anotó algo con ánimo en su libreta. Sentí como si saliera de un closet terrible. Me di cuenta después que había estado muchas veces en un limbo extraño donde me era imposible verbalizar esta frase. Si la decía, mis espejos cercanos me respondían “Bueno ahora estás joven, está bien que pienses así, un día será diferente”. Dudaba mucho entonces de mis decisiones, de “el qué dirán”. Nunca parecía que fueran aceptadas mis palabras, sino más bien tomadas como algo dicho muy a la ligera y como si no tuviera la capacidad mental de decirlas.

“Vale la pena, tendrás alguien con quien conversar” “No voy a tener hijos sólo para conversar”. “Pues, yo sí quiero ser padre” “No quiero ser madre, además soy muy joven, quiero hacer muchas cosas” “Se me hace que tú no quieres ser madre…” “Es que eso acabo de decir” “Si se siguen demorando seré abuela muy joven, cuánto más piensas estudiar?” “Más quiero estudiar que ser madre, además me gusta mucho dormir” “Mmmm… no sé si podamos estar juntos” “No, no podemos”

El glitch que me habla desde mi muñeco del genio de Aladino, el que se le podía voltear la cabeza cuando yo quisiera, gritaba: Nadie te puede obligar a ser madre, sólo por ser mujer. Es una opción, no una obligación.

Alejandra me repetía como letanía todos los martes la importancia de escucharme a mí misma, de decidir por mí misma, así me equivoque, eran mías esas decisiones, y sobre ser responsable de ellas. Al poder decir esa frase que parecía tan simple, sentí que soltaba una mochila de indecisión, entre lo que se esperaba de mí y lo que yo realmente quería. A partir de ese momento, ya no era obligatorio buscar pareja, porque no importaba si el tiempo se iría rápido “para procrear”. Nada importaba, solamente lo que yo quería. Sentí que me podía reír y de pronto me era posible jugar. Podía dejar de ser la mujer más pura para ser “elegible” y digna de “maternidad”, “ejemplo de invisibilidad” de alguien que aún no existía. Alguien que no existirá. No soy María. Podría volver al punto cero y escribir la historia como yo la quisiera, sin ser extensión de nadie. Las niñas tenemos derecho a ser eso, niñas. Las niñas tenemos derecho a elegir y escribir la historia que deseemos sin deberle nada a nadie. Sin ser madres desde que tenemos uso de razón. No tenemos que cuidar del mundo solas y de una sola forma.

Cuando hablo con mi sobrina Olivia, ella me cuenta que le gustan los tiburones y que un día quiere ir al espacio. Yo le digo que ella puede ser bióloga marina y astronauta, antes de que algún espejo se ría de sus sueños. Un día que pensó que por comer mucho helado tenía un bebé en la panza, le dijimos que los bebés sólo los tenían las mujeres grandes que querían tenerlos. Que por ahora sólo estaba llena de helado. Nos sentamos a ver insectos de colores algunas tardes, la dejo ver dibujos animados otras. No quiero que los roles o los miedos se la lleven, no quiero que sienta temor de experimentar su enorme inteligencia. No me quiebro ante los terrores sociales de ser mujer que no cumple estándares o roles, pero es agotadora la resistencia.

El nuevo comercial de Barbie anuncia que según un estudio realizado por NYU las niñas a la edad de 6 años dejan de creer que pueden ser científicas, ingenieras, astronautas, grandes pensadoras, presidentas, etc. Aparte de un eterno discurso de maternidad y valoración a partir de tener pareja, no se ven representadas en los campos de los que desearían formar parte.

Bazar de novedades quiere visibilizar autoras y sus diferentes voces.

Lola R. Duchamp

 

 

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