Guerrilla asimétrica en libra

Guerrilla asimétrica en libra

Un año de ser parte de La Gallina Malcriada 

Texto para el fanzine lanzado durante la exposición Cáscara de huevo.

La colectiva La Gallina Malcriada: Yo, Ana Cristina Vázquez, Diana Gardeneira, Ana María González
Foto de Inauguración de cáscara de huevo el 8 de agosto 2019 por Carlos Klinger

Varias de las artistas que participaron en la muestra, panelistas de conversatorios, performers y personas que nos ayudaron en comunicación y montaje. ❤ El Gallinero

 

Mi signo zodiacal es acuario, y en mi carta astral bajada de internet dice que mi signo ascendente es libra. Esto del signo ascendente se refiere que supuestamente a tu alma le toca aprender algo en esta vida según ese signo. Usualmente ese signo es algo que te cuesta un montón hacer en la vida real. Ser ascendente libra significa que los aprendizajes más trascendentales serán a través de las relaciones, lo cual durante mucho tiempo a mí me ha costado. Lo del ascendente apenas lo descubrí hace poco, pero coincide con que me cuesta el relacionamiento, el trabajo en grupo, me encanta estar sola y salir poco de casa.  Pero versus a eso me gusta mucho, hacer amistades invitando a personas que creo que me caerán bien a comer a mi casa, así llegó Diana Gardeneira a mi vida.

Retrocediendo un poco, yo me había dado cuenta que iba a ser muy difícil para mí sobresalir en el medio o sostenerme. A diferencia de artistas hombres. Me había dado cuenta por una serie de elucubraciones y experiencias que era porque no había visto una cárcel en la que me pusieron al nacer; La de ser mujer y tener que cumplir ciertos standares con respecto a eso. Que no iban para nada con el camino que yo quería tomar. Solita en mi taller haciendo conexiones sobre las opresiones del sistema me puse muy triste.

Foto de mí explicando mi cuadro “Hoguera para brujas” pintado en el 2018, durante el evento de cierre de Cáscara de huevo el 17 de agosto 2019. Foto por: Nicole Robayo

Había estado pintando durante mucho tiempo y tratando de evolucionar en mi estilo y cuando lo quise mostrar tuve una serie de eventos desafortunados. Así que decidí invitar a Diana un día sólo a conversar, pero ella me dio estadísticas para confirmar que lo que pensaba sobre mi cárcel no eran fantasmas inventados. En seguida con su energía que la caracteriza tanto, me convenció de seguir haciendo esto de abrir talleres de mujeres, a lo cual se unieron Ana María y Ana Cristina.

El año en La Gallina ha explotado más de mi signo ascendente que nada, no sólo por el trabajo de conexión con artistas que pasan por las mismas ideas de no “pertenecer” a un medio a pesar de su esfuerzo. Sino además porque mis compañeras gallinas me han enseñado muchísimo sobre distintas formas de ver el mundo. Han tenido un montón de paciencia para trabajar con alguien con un carácter un poco complicado (yo). Nos hemos contagiado mutuamente de nuestras virtudes y siento como claramente esta interacción no sólo ha cambiado muchas cosas en mí, sino que además me ayudó a entender que no estaba sola en una lucha.

Que necesitábamos bajar la defensiva entre nosotras, que necesitábamos un grupo que nos mantenga seguras, sin competir, una estación donde descansar.

La lucha no era entre nosotras, era juntas contra el sistema ¿nuestra arma? La comunidad, la conversación, el cariño, compartir. Todas esas cosas que nos habían dicho que no servían para nada.

El evento de cierre de Cáscara de huevo el 17 de agosto 2019. Foto por: Nicole Robayo

Una vez escuchando una noticia sobre la explicación de las guerrillas, me enamoré del concepto de “lucha asimétrica”. La guerrilla “da miedo” o funciona porque no es identificable con uniformes o no caminan en grupos como ejércitos, se basa precisamente en que podría ser cualquier persona en cualquier espacio, luchando por un ideal. No necesita de un lugar fijo. No es “simétrico” como los bloques del ejército. Eso ha sido para mí la gallina, ir conociendo de a poco una guerrilla, cada mujer que visitamos ocupa en su propia forma una lucha lo que nos hace más fuertes y generamos intercambio que alimenta en todas el proceso creativo. Crear la red hace la lucha menos pesada, menos solitaria. Estar abierto a escuchar y aprender, antes de tumbar a la otra, fue un cambio radical, pero que no me di cuenta que sucedía hasta reflexionar un año después. Entender que nuestras diferencias no nos alejan.

Esta lucha asimétrica me ha hecho estar más cerca de ese ascendente que baja el ego y aprende del otro, que no sé realmente qué tan importante sea cósmicamente. Pero en el presente se siente mucho mejor. Un pasito más cerca de ese mundo donde todas la voces cuentan. Sola, no lo hubiese podido aprender. No hay revolución sin comunidad.

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