Un hiato de ruido amarillo

Hace algunos meses me entrevistaron para un perfil y me preguntaron cuál era mi sonido favorito. Respondí que me encanta el silencio, no en sí el completo silencio tal vez, porque no sé si existe. Probablemente es algo similar a la “idea” de “Ruido blanco”. Como no es exactamente eso, he decidido rebautizarlo hoy como “Ruido amarillo” o el Hiato.

 

Aunque mi trabajo tal vez no lo refleje, me gusta el silencio. Me gusta mucho cocinar en silencio, sólo escuchando los vegetales siendo cortados, el aceite calentándose, el agua hirviendo. Hay muchas cosas que suceden en el silencio, el silencio también puede ser, dejar de hablar, dejar de enunciar, y sólo escuchar qué dicen las personas, los medios, etc.

Una vez tuve la suerte de visitar Cuba durando 10 días más o menos, si mal no recuerdo. La sensación que más disfruté de ese viaje fue que después de unas 3 o 4 horas llegando a La Habana me di cuenta que algo extraño estaba sucediendo en mi cerebro. Miraba al rededor y trataba de distinguir si eran los colores, si era el aire, cuando de pronto miré atentamente y dije “Aquí no hay publicidad”. Era un lugar donde yo no estaba 24/7 bombardeada de publicidad y mi cerebro sentía que estaba descansando. No es por ahondar en pensamientos político-sociales sobre Cuba, es sólo para recordar el detalle de esa forma de silencio que es difícil de conocer en estos días.

Llevo algunos meses pensando en el modelo de excesiva producción en el que vivimos, específicamente me detonaron esos pensamientos cuando el presidente de Brasil en favor de las empresas que nos venden cosas a nosotros empezó a quemar la selva amazónica. Pensaba en cómo se mete ese monstruo en todos nosotros, de una u otra manera. Comencé a pensar de qué forma podía trabajar sin traer más cosas al mundo, porque todos estamos programados para que nuestro instinto sea producir MÁS COSAS que no necesitamos, o para comprar MÁS COSAS que no necesitamos. Me cuestioné incluso las prácticas de arte y el exceso de producción que no iría tan lejos porque somos muchos en el mundo.

Somos muchos en todos lados. No es fácil para mí pensar así, me di cuenta que mi única forma de pensar en conseguir sustento económico era poniendo MÁS objetos en el mundo. Que en la balanza siento que es algo que la tierra no necesita más. Estoy aún en tratar de hacer el ejercicio de pensar el mundo sin gastar más recursos o llenar los espacios de objetos innecesarios. Me pregunto mucho qué diferencia puede haber entre empresas chinas y yo, tal vez ellos hagan cosas más masivas, pero yo pienso en la misma lógica y si tuviera el dinero que ellos manejan, probablemente haría lo mismo bajo la justificación de que lo mío “es más cultural”.

De pronto cuestionarse sobre la cultura también es un punto álgido.

Hace poco también leía sobre no pensar en las conquistas mundiales y desilusionarse por no lograrlas, sino pensar en formas de generar comunidad y contenido para esa pequeña comunidad. Pero ese es sólo un paréntesis que acabo de tener.

Hoy pensando en silencio mientras me hacía el desayuno, escuchando el sonido de la licuadora, pensaba mucho en las nuevas medidas del gobierno que recién las entendí anoche. Trataba de recordar qué diferencia hubo entre el Ecuador de mi niñez y adolescencia que parecía que se destituía presidentes cada fin de semana, y este Ecuador de mi adultez que se sienta a mirar cómo las cosas pasan. Más allá de saber que los que realmente deciden si un presidente se va o se queda son las fuerzas militares, trataba de entender. Por alguna razón saltó a mi mente una clase de nuevos medios que tuve en la universidad justo cuando Facebook se empezaba a hacer popular en el país, probablemente en 2008 o 2009. No muchos años después de que dejamos de botar presidentes y se quedó uno por 10 años.

La conversación que tuvimos en el salón iba de cómo se empezaba a entender esta nueva realidad como nuestro “nuevo espacio público”. Es decir, de dejar las discusiones “reales” para el “espacio público virtual”. Por ejemplo que ya no sea necesario que un montón de personas sientan rabia, se conecten en el mundo físico y salgan a quemar llantas a la calle, porque el gobierno no los puede seguir ahorcando mientras se roban su dinero. Ahora esa rabia se traduce a escribir un post, compartir un enlace, escribir un par de ideas o insultos, aplacar como un buen placebo esa rabia en este nuevo “Espacio público” donde todos sentimos que nuestra opinión importa y al día siguiente salir y trabajar para que todo siga exactamente igual.

Eso ha evolucionado a cosas mucho más preocupantes, por ejemplo a construirnos como productos consumibles para nuestros seguidores o “amigos”. Mostramos nuestras vidas tal cual como queremos que sean leídas, nos convertimos en avatares y pasamos cada vez menos tiempo en el mundo real.

Esto me llevó a conectar dos conversaciones distintas que escuché en mi período de relativo silencio; una era sobre cómo van a ir cambiando cada vez más las formas de educación, que cada vez más la gente accede a educación en línea y toma lo que desea, para poder seguir en estos modos de seguir trabajando, seguir produciendo, etc. mientras estudia. La otra conversación iba sobre que vivimos la primera generación de adolescentes que menos sexo ha tenido en la historia.

Yo siempre le digo a una amiga que si alguien me diera un trabajo bien pagado, yo no pasaría tanto tiempo leyendo, escuchando, y pensando. Pero aquí estoy y no sé si saben hacia dónde voy caminando.

 

Estamos viviendo en la época donde parece que cada vez hay más información accesible y que todos podemos hablar de lo que sea, pero en realidad somos personas que menos tiempo pasan en el contacto físico humano, al punto de ni siquiera llegar a saber cuál es el procedimiento real para relacionamientos físicos. Además , entre muchas cosas, los espacios físicos donde se reúne la gente a compartir ideas sobre conocimiento se han vuelto tan competitivos y formas de negocio absurdas que cada vez son más rechazados porque queda atrás la verdadera idea de producir conocimiento o simplemente compartir.

Hace poco me entrevistaron en otro lugar y me preguntaron extrañamente sobre la noticia de la empresa Novaestrat y esta filtración de información de cada ecuatoriano vivo y muerto que existe. Les decía que yo entendía muy por encima el peligro de la filtración de la información (después de esa entrevista me puse a investigar y lo entendí bien) pero que tenía un amigo que siempre me estaba hablando de estos peligros y en qué iban a desembocar.

Este amigo que he mencionado algunas veces en entrevistas o conversatorios o posts, es activista del software libre, organizó hace unos meses un FLISOL en Guayaquil al cual asistí por mero apoyo y por salir de mi casa a conocer otras cosas. En el marco de este evento escuché a un filósofo hablar sobre una idea que se me quedó amarrada al cerebro y estalló el día que me preguntaron sobre Novaestrat.

“La hyper verdad”

La hyper verdad son estas cosas como WikiLeaks o es bastante simple como saber que se roban 80 o 60 millones de los ecuatorianos en algún negociado. Es una verdad que te hace ver cómo funciona la máquina que usan para abusar de ti, por decirlo de algún modo. Lo que planteaba este filósofo, que creo que era italiano, es que el problema con la tecnología y la hyper verdad es que van muchísimo más rápido que los seres humanos comunes y corrientes.

Los sistemas educativos en los que vivimos hace quién sabe cuántos años, nos tienen adiestrados de tal modo que sólo servimos de peones para hacer seguir funcionando la máquina sistemática. Entonces, resulta que te pueden presentar, Wikileaks, las noticias de las 8 de  la noche, cómo Facebook le vendió tu información Cambridge Analytica para que gane Trump, y nadie va a hacer nada. Nadie va a mover un sólo dedo al respecto porque estamos adiestrados por un sistema educativo y mediático que no genera pensamiento crítico.

Entonces puede estar la hyper verdad ahí un día, y al día siguiente tú tranquilamente te subirás a tu carro e irás a tu horario de 9 a 7 o el que sea, te quejarás tal vez en algún post de Facebook. Pero la máquina sistemática que te abusa, va a seguir y el mismo director de campaña que usó Cambridge Analytica  para que gane Trump, vuelve en el 2020 a ser su director de campaña.

Podemos saber que la selva se está quemando y que no vamos a tener oxígeno para vivir y aún así lo que vamos a hacer es seguir yendo al día siguiente a seguir en nuestra ruedita de hámster porque no tenemos idea de cómo enfrentar esa información.

Bolsonaro podrá ser un monstruo, pero nosotros le compramos al monstruo para que viva, el monstruo no vive sin nosotros.  Facebook no vive sin nosotros, nosotros damos todo. La hyper verdad en una forma sencilla de decirlo, y el problema que enfrentan estos activistas que la liberan ; Es como que te dijeran “Si sigues dejando la luz encendida cuando no estás en la habitación, tu planilla va a salir más alta a final de mes” o “Si comes hamburguesas todos los días, en 6 meses te vas a conseguir un ataque al corazón”. “Ya nos robamos la plata de los jubilados hasta la generación de tus hijos, así que vamos a hacer un préstamo y te lo vamos a cobrar. Vas a tener que trabajar más y te vamos a pagar menos, y te vamos a cobrar todo lo que consumes más caro”. Porque no sabemos cómo vivir de otro modo que no sea aquí en la máquina.  Tenemos roto el canal de causa y efecto. Ves esa información y de todas maneras sigues dejando la luz encendida o comiendo hamburguesas porque toda tu vida te han enseñado que eso es lo que debes hacer y no vas a cuestionarlo o no piensas que tienes el poder de hacer algo al respecto. Pero si lo piensas bien, es una realidad impuesta sobre tu vida.

No sé si alguien se pregunta a veces como yo, que no es justo que paguemos una deuda que no decidimos tener. Lo pienso cuando viene Sonnenholzner a decir que “sepamos comprender”, por qué seguimos viviendo en un sistema donde sólo nos vienen a decir “pague” y nosotros sólo alzamos las manos, y pagamos. Soportamos excesos de horas de trabajo mal pagado, depresión, ansiedad, enfermedades que se empiezan a producir a partir del estrés, con suerte si tienes trabajo, porque puede ser que estés en la calle. El sistema educativo, que además es creado por el gobierno, no está construyendo, por obvias razones, pensamiento crítico o un mínimo de pensamiento y con esas pocas herramientas entramos a las redes sociales a consumir lo que dicten que debemos consumir.

El último año aprendí que el poder de reunirse en un espacio físico y hablar, así no sea de cuestiones políticas (aunque todo termina siendo político) tiene el poder de ver personas no como sus avatares sino como personas. Se hablan de cosas que muchas veces en redes no se hablan, y entre conversación y conversación te topas con que se tienen sentimientos similares, vivencias similares, abusos similares, que no eras un caso aislado, y que “las cosas son así” y tienes que aguantar. Hay muchísimas razones por las que se generan ataques de pánico o pobreza y todo está conectado.

No creo realmente que el internet sea el diablo, pero entrar a una plataforma sin un poco de cuestionamiento es más peligroso de lo que sospechamos. De hecho si lo pensamos un poco más es una herramienta extremadamente poderosa de la que podemos hacer mejor uso, antes que dejar que nos usen a través de ella.

Cuando les proponía a mis amigas cambiarnos de plataformas para chatear en apps que no fueran controladas por Facebook todas se rieron y me dijeron que “Ya que importaba si igual tenían nuestra información” o cosas como “Qué puede tener de interesante MI información” dentro del pensamiento que sólo te espían para encontrar terroristas.

Pues cuál es el problema con ese pensamiento, según he entendido en todas mis investigaciones. Cuando tú no pagas para utilizar algo, en muchos casos es por que tú eres el producto que va a ser consumido. Por ejemplo al acceder a mi información recibo mucha publicidad de maestrías, restaurantes, música, series y películas. Esto parece inofensivo y hasta positivo, pero esa es mi jaula de conocimiento y en la que voy a recorrer mientras esté en este “espacio público”, esto será utilizado para crear contenidos o candidatos políticos que tengan “intereses similares a los míos” en teoría. Habrá quién decida qué partes de esto está bien que consuma y qué otras no.

Esa soy yo, pero por ejemplo alguien que sea fascista o antiderechos o consumidores de contenido que te hace, como lo dijo Cambridge Analytica si mal no recuerdo, “influenciable”. Entonces pueden utilizar tu jaula para que nunca crezcas como ser humano, no te conectes con personas que piensan distinto a ti, y sólo eres una máquina de consumo de las mismas 4 canciones de youtube.

NOW YOURE’RE UNDER CONTROL,

AND NOW YOU DO WHAT THEY TOLD YA

 

Incluso yo cuestiono mi jaula, por que seguramente existen otras salidas o formas de vida que no involucran seguir consumiendo “lo culturalmente aceptable”. Eso culturalmente aceptable sigue siendo decidido por ese mismo sistema ¿Quién entra y quién no a lo culturalmente aceptable?

A más de más detalles como que tienen la foto de tu cara cada vez que te haces una selfie, pueden reconocerte en cualquier lugar, las máquinas empiezan a saber a dónde van tus ojos cuando lees una pantalla o a sentir los niveles de tu pulso cuando estás dando clics o aplastando la pantalla. Tú eres la fuente de alimentación de la matrix, ¿recuerdan esa escena cuando se ve en la película los huevos de humanos que alimentan a la máquina que los mantiene en un realidad virtual?

Nota al pie: Yo me hubiese tomado la pastilla azul 100 veces, pero a veces siento que me inyectaron suero de la roja en algún punto de mi vida.

En un momento de algún análisis, decía que se me hacía muy complicado pensar en seguir produciendo de la manera que produzco porque si yo me levanto todos los días y abro instagram y sigo 2 mil artistas, llegó un punto en que me di cuenta que NUNCA ESTABA MIRANDO NADA. Sólo rodaba información hacia abajo. El “ruido visual” se me había hecho una costumbre y es por eso que de pronto me reclamo a mí misma momentos de “silencio”. Hiatos o “ruidos amarillos”.

Momentos de “consumo lento”. Momentos de escuchar cómo suena el agua hervir, momentos donde me puedo preguntar qué me estoy metiendo a la boca 3 veces o más al día. Antes de pensar que el mundo debe ser una droga constante que me tengo que tragar y me tiene que dar éxtasis 24/7. Tenemos una atención muy corta de todo, todo nos aburre rápido porque nuestro cerebro se acostumbra cada vez más a seguir y seguir como que pasaras todo por un contenido de celular.

¿Han leído el cuento Los que se alejan de Omelas de Ursula K. Le Guin? Aquí les dejo un link al pdf, no es largo.

Esto obviamente se desprende del hecho de que tengo muchos privilegios que me permiten hacer hiatos. Por eso de algún modo siempre pienso que soy un glitch en la matrix.

Ayer veía una entrevista de Clarise Lispector que me pasó una amiga a la que le compartí que en mi consumo lento y en silencio había comenzado a leer, y ella me decía que a ella le encantaba esta escritora. Cosa que no sé si alguna vez hubiésemos compartido si ambas no estuviéramos a favor de generar “momentos de consumo lento”. Clarise decía que necesitaba momentos de “hiato” en su producción que eran completamente necesarios para analizar quién era y volver a nacer. Me hizo click con esta “importancia del silencio”.

Es difícil abstenerse de “enunciar” en redes sociales, al menos para mí es difícil, porque paso mucho tiempo encerrada, mi campo de conexión con el mundo se vuelven la redes por más que no lo haya elegido así. Pero trato de mantener conexiones reales, tengo reglas como verme con mis amigos cada cierto tiempo así hablemos mucho o hablemos poco, ir desarmando la idea de que familias sólo se arman con parejas. Cosas más diarias como que si voy a comer no voy a llevar el celular a la mesa, si voy a cocinar prefiero que sea en silencio. Trato que si estoy reunida con personas no tener el celular en la mano, o si estoy teniendo una conversación con un ser humano, no estar con la mitad del cerebro en el celular, esta debo confesar que no siempre la logro, pero sigo haciendo enormes esfuerzos. Trato de poner el cuerpo físico para protestar por causas que me parecen injustas. Tengo salidas secretas donde no llevo el teléfono y no le digo a nadie dónde voy, usualmente a estar “en silencio” para no perder la habilidad de escuchar y ver bien.

Ahora voy a dejar las conspiraciones y la procrastinación e iré a escribir un ensayo que tengo en mente hace meses y me da pánico escribir.

 

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